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Necesario promover entre ciudadanos la dignidad de la persona para no seguir ideologías reductoras de la vida

• También se deben denunciar las violaciones a la persona humana y sus derechos fundamentales: Arquidiócesis de Xalapa

Irineo Pérez Melo/

Foto: Miguel Ángel Carmona

Xalapa, Ver., 07 de junio del 2026.- La Arquidiócesis de Xalapa consideró necesario promover entre los ciudadanos mexicanos y veracruzanos a promover la dignidad de la personas para no seguir ideologías reductoras de la vida, denunciar las violaciones a la persona humana y sus derechos fundamentales.
En el comunicado dominical emitido por la Oficina de Comunicación Social de esta asociación religiosa, también urgió en concientizar a la mujer y al hombre de su altísima vocación de trascendencia e invitar a todos los mexicanos a reconocer su participación en el desarrollo integral de México y Veracruz, especialmente los pobres y los que sufren.
En el documento, signado por el presbítero Juan Beristaín de los Santos, se aborda el pasaje evangélico de San Mateo (9, 9-13) presenta un rechazo abierto a la actiru de Jesús de recibir y comer con los pecadores y la gente más despreciada de la sociedad en esa época.
En el fondo del rechazo de los fariseos al comportamiento compasivo de Jesús están estas preguntas: ¿Cómo un hombre santo puede aceptar y recibir en nombre de Dios a los más pecadores y gente despreciable que no cumplen con la ley de Dios? ¿Cómo se atreve Jesús a comer con ellos sin guardar las debidas distancias y normas divinas?
Los fariseos son, en este sentid, un signo de exclusión para los pecadores y del total desinterés de los más necesitados, Cristo, en cambio, representa la misericordia y la compasión pues sabe y está convencido que son los enfermos los que necesitan del médico y no los sanos.
A Jesús lo guía su experiencia de Dios. Nadie lo puede convencer de lo contrario: Dios no discrimina a nadie. A Jesús lo llamaron amigo de pecadores y él nunca lo desmintió, porque era verdad. También Dios es amigo de pecadores e indeseables. Cristo vivió y vive aquellas comidas y encuentros como un proceso de curación: “no necesitan al médico los sanos, sino los enfermos”, se señala por último.

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